jueves, 1 de junio de 2017

intervención fisioterapeuta

Intervención fisioterapéutica en UCI en pacientes con trauma craneoencefálico.

Objetivo general:
Prevenir las complicaciones de la patología de trauma cráneo encefálico y las producidas por el encamamiento prolongado.

La finalidad de la rehabilitación es mejorar y/o compensar aquellas capacidades funcionales disminuidas o perdidas después de un TCE así como mejorar los resultados funcionales tanto en los adultos como en los niños y jóvenes. La rehabilitación requiere un equipo multidisciplinar. Es un proceso que incluye cuatro componentes: 1) la evaluación, para determinar cómo se tiene que enfocar la rehabilitación; 2) la planificación, que incluye el desarrollo de objetivos realistas y relevantes para el paciente y su familia; 3) las intervenciones, que tienen que ser medibles, que se puedan cumplir y limitadas en el tiempo para poder obtener los objetivos fijados; y 4) la evaluación de la intervención antes de que se vuelva a empezar el ciclo del proceso de la rehabilitación. En la rehabilitación del TCE existen diferentes períodos, cada uno de los cuales tiene un objetivo a alcanzar. Estos periodos son: el estadio agudo con ingreso en las unidades de cuidados intensivos (UCI) y/o neurocirugía; la rehabilitación en régimen de ingreso hospitalario; la rehabilitación ambulatoria; y el apoyo comunitario de larga evolución.

Intervención fisioterapéutica en trauma craneoencefálico en fase aguda:
1.    Cambios posturales:
Para elegir una posición correcta y rechazar aquella que no lo es  necesario tener en cuenta lo siguiente:
A.   Cuando dos segmentos adoptan una posición viciosa, los músculos que los unen se ven obligados a modificar la dirección de sus tendones, existiendo un desequilibrio músculo-tendinoso y por lo tanto óseo.
B.   Es necesario eliminar los acortamientos músculo—tendinosos, relajar la musculatura contracturada e hipertónica así como activar la hipotónica y restaurar la amplitud de movimiento articular.
El cambio de la posición cada dos horas se considera suficiente en un primer momento hasta conocer la sensibilidad de la piel paciente y la tolerancia de las posiciones.  Es necesario vigilar el estado de la piel en cada cambio de posición, en especial en las zonas predispuestas a aparecer una úlcera por presión.
Se deben realizar los cambios posturales de acuerdo a las actividades a realizar con los pacientes. EJ: posicionar al paciente en decúbito supino para el aseo y las movilizaciones de miembros inferiores, en decúbito lateral para la fisioterapia respiratoria  y masaje de espalda.
Mediante un correcto cambio postural se consigue prevenir y tratar las úlceras por presión, mantener el recorrido articular y lograr una extremidad colocada en una posición funcional.

1.1.1.   Decúbito supino: evitar rotaciones de cabeza ya que esta aumenta la presión intracraneana. [PIC]. Con ligera inclinación de la cabecera de la cama de 1 °– 30° para favorecer el drenaje venoso cerebral. Durante un periodo más o menos breve cada día colocaremos al paciente con las extremidades en flexión para favorecer la evacuación intestinal por adoptar así una posición que facilita la defecación.


1.2. 1 Decúbito lateral: se debe tener cuidado especial a nivel del hombro apoyado en la cama, impidiendo que se vaya a retropulsión y que caiga todo el peso del tronco sobre él, y de mantener la alineación pélvica.

1.3.1 Decúbito ¾ dorsal: mantener la alineación de la pelvis y evitar la retropulsión del hombro apoyado en la cama.


1.4.1 Decúbito ¼ ventral: en caso de que el paciente tolere la posición se colocará con una almohada en el tórax de forma que lo dejaremos caer sobre ella suavemente. Luego si el paciente lo tolera se colocará en sedestación siempre monitorizando las constantes vitales. La incorporación será progresiva, primero en la cama levantando poco a poco la cabecera hasta poderlo trasladar a un sillón.


2.    Masaje:
Se realiza con el propósito de actuar de forma directa o refleja, obteniendo efectos terapéuticos sobre el sistema nervioso, muscular y sobre la circulación general.
2.1 Efectos sobre el sistema nervioso vegetativo: consigue un efecto sedante, relajante y estimulante sobre el sistema nervioso vegetativo y especialmente sobre el parasimpático.

2.2 Efectos receptores del dolor: se obtiene un aumento del umbral de dolor y por lo tanto efecto analgésico disminuyendo su percepción actuando sobre sustancias químicas irritantes y pro inflamatorias, favorece la eliminación del edema debido a la estimulación y drenaje con el retorno venoso. Disminuye la tensión en los músculos liberando espasmos y así mismo la compresión de fibras nerviosas. Inhibe las fibras tipo C, bloqueando así la transmisión nociceptiva a nivel central.

2.3 Efectos sobre la circulación: se consigue hiperemia debido a la vasodilatación producida por la liberación de hormonas tisulares y sustancias histaminoides. Actúa a modo de bombeo aspirante e impelente y conseguimos eliminar edemas y exudados al movilizar los líquidos intersticiales. Disminuye la viscosidad de la sangre y el hematocrito, con lo que aumenta la fluidez sanguínea.

2.4 Efectos sobre la musculatura: disminuye la estasis venosa en el músculo porque facilita su propulsión eliminando las sustancias procedentes del metabolismo muscular, esto conlleva a regeneración sanguínea la cual transporta nutrientes y oxígeno favoreciendo y generando una contracción eficaz, mejorando su trofismo normalizando el tono y aumentando el rendimiento.

2.5 Efectos sobre sistema digestivos: el masaje abdominal produce estímulos reflejos de peristaltismo que conduce a su vaciamiento hacia el duodeno. 

2.6 Efectos psicológicos: la relajación muscular se va a generalizar consiguiendo modificar el estado emocional del individuo, produciendo bienestar, evitando la depresión.

2.7 Efectos sobre la piel y tejido subcutáneo: se consigue mejorar las propiedades tróficas  y mecánicas de la piel, gracias  al estiramiento y disgregación de las fibras elásticas que producimos, siendo efectivo para eliminar las adherencias cicatrizales y cutáneas. Tiene acción queratoplástica la cual vigoriza y mejora el estado nutritivo de la piel.  A nivel subcutáneo favorece la absorción de líquido intersticial y edemas

2.8 Efectos sobre tejido conectivo: se produce liberación de las adherencias existentes en estructuras como cápsulas, ligamentos, aponeurosis, fascias y cicatrices.

3.    Cinesiterapia pasiva:
3.1 Efectos sobre psiquis: se establece una relación fisioterapeuta- paciente y se inicia el contacto y la toma de confianza entre ambos.
3.2 Efectos sistema nervioso: estimula la sensibilidad propioceptiva, favoreciendo así la construcción de un esquema corporal y espacial.
3.3 Efectos tejido muscular: se consigue mejorar el tono y la actividad neuromuscular, mantiene la longitud y flexibilidad muscular y se evita la retracción y acortamiento.
3.4 Efectos en articulaciones: consigue la activación sensitiva de los receptores situados en la cápsula y ligamentos que enviará impulsos a la médula y de ahí a los músculos motores de la articulación. Se obtiene una acción de deslizamiento de las superficies cartilaginosas de la cápsula y el ligamento, tensión de estas estructuras y excitación de la sinovial, obteniendo un fin preventivo [ mantenimiento del recorrido articular, distensión de retracciones peri articulares, secreción del líquido sinovial]
3.5 Efectos circulación: favorece el retorno venoso mediante la movilización de las articulaciones. Produce un aumento de la frecuencia cardiaca por estímulo del sistema nervioso vegetativo.
3.6 Efectos sistema respiratorio: las movilizaciones torácicas consiguen mantener la movilidad de las articulaciones implicadas en la respiración mejorando con ello la ventilación y la nutrición de los diferentes tejidos.
3.7 Efectos sistema digestivo: conseguimos un mejor tránsito intestinal gracias a los cambios producidos en la presión intraabdominal por los distintos movimientos, especialmente de la articulación coxofemoral.

4.    Movilizaciones activas:
La cinesiterapia activa corresponde aquella actividad en la cual el paciente realiza conscientemente y de una forma programada para realizar una determinada actividad. Dichas movilizaciones, en la mayoría de los casos no se podrán realizar cuando los pacientes estén sedados o en coma.
Generalmente se realizan contracciones isométricas que corresponden aquellas en las que la actividad muscular no requiere de desplazamiento de segmentos ya que el momento motor y resistente opuesto es igual, con estas contracciones se consigue mantener la capacidad dinámica, el tono y la fuerza muscular del paciente.

Estas se realizan con el músculo en la posición de máximo acortamiento, se utilizan en los siguientes casos:

     En los que el paciente no pueda moverse para mantener el tono muscular.
     En los que se interesa que el músculo trabaje lo más acortado posible para así potenciarlo en determinado punto del recorrido.
     En articulación dolorosa ya que se realiza trabajo muscular sin necesidad de desplazamiento articular.

5.    Estiramientos

Corresponden a maniobras manuales, ya sean pasivas o autopasivas, destinadas a generar una trayectoria externa máxima la estructura musculotendinosa durante unos segundos con el fin de estirar los componentes no contráctiles. 
Dicho movimiento será lento, paciente relajado y con una adecuada estabilización de los segmentos proximal y distal a la articulación o musculatura a estirar para generar un mayor control de la maniobra.

Este se realizará siguiendo los componentes contrarios a la acción muscular y en los diferentes planos frontal, sagital y transversal, es importante estirar tantos los agonistas como antagonistas para evitar desequilibrios musculares que afecten a la articulación.

Si este estiramiento se mantiene durante 6 segundos, utilizando el reflejo de inhibición autógena, el órgano tendinoso de Golgi responderá a cambios de longitud generada por el aumento de la tensión generando impulsos sensoriales a la médula espinal el cual produce relajación refleja del músculo al anular los impulsos de los husos neuromusculares.

Si por el contrario producimos un aumento de la temperatura local mayor a los 40°C, se lograra conseguir un estiramiento más eficaz puesto que la temperatura de 20 a 30°C, el tejido conectivo requiere una fuerza 3 veces mayor para efectuar la misma elongación.

Efectos del estiramiento

     Reduce la tensión muscular y relaja el cuerpo consiguiendo una sensación agradable de placer y bienestar.
     Mejorar la coordinación de los movimientos.
     Evitar la rigidez articular y el acortamiento muscular.
     Previene daños a nivel muscular y de su estructura debido a que se realiza una preparación de los músculos para así desarrollar su función.
     Mejorar el conocimiento del cuerpo gracias al entrenamiento de la propiocepción articular.
     Mejorar y agilizar la circulación debido al aumento del retorno venoso.

6.    Terapia respiratoria

Lo que se quiere lograr con fisioterapia respiratoria en pacientes encamados es despegar, movilizar y evacuar las secreciones para así prevenir la aparición de infecciones en el aparato respiratorio, también ayuda al reentrenamiento de los pacientes desconectados del apoyo ventilatorio y mientras estén con respiración mandatoria. 

En pacientes en UCI se utilizan diferentes técnicas a los pacientes:

     Fluidificación: Se realiza en pacientes intubados debido a la sequedad de las mucosas que produce la oxigenoterapia, principalmente por no pasar por las fosas nasales la cual cumple una función de hidratación además del filtrado y calentamiento del aire.
     Drenaje postural: Las posiciones que comúnmente se utilizan no suelen ser toleradas termodinámicamente por estos pacientes, por tal motivo todas estas posiciones son adaptadas a cada individuo según la tolerancia y serán aplicadas posterior a la administración de broncodilatadores para facilitar la movilización de las secreciones.
     Clapping: Se realizará en las zonas donde previamente se han detectado la presencia de secreciones por medio de la auscultación.
     Espiración forzada y presiones: Tiene como finalidad la expulsión de secreciones, se realiza de forma combinada con la fluidificación y el aspirado bronquial.
     Vibraciones: Su finalidad es despegar y movilizar las secreciones, se realizará en las zonas pulmonares donde conocemos la existencia de secreciones ya sea mediante la auscultación o la radiografía torácica.
     Aspirados bronquiales: Mediante esta técnica se logra estimular la tos por lo cual facilitara la expulsión de secreciones. Durante su ejecución esta técnica se tendrá en constante monitoreo a la saturación de oxígeno en caso de hipoxemia o hipercapnia.
Intervención fisioterapéutica en trauma craneoencefálico en fase subaguda:

1.    alteraciones motoras
El tratamiento de las alteraciones motoras se debe considerar en el marco del tratamiento rehabilitador global y en el conjunto de los otros déficits secundarios al daño cerebral que los pacientes afectos de TCE moderado y grave pueden presentar . Las alteraciones motoras secundarias a la lesión de la motoneurona superior pueden determinar secuelas muy invalidantes. Las principales características de estas alteraciones son la disminución de la fuerza muscular (parálisis/paresia) y el trastorno del tono, fundamentalmente su aumento, la espasticidad. También pueden manifestarse como trastornos cambiantes del tono (p. ej. distonía). Cuando hay afectación del tronco cerebral y/o cerebelosa se asocian alteraciones de la coordinación: ataxia, dismetría o disdiadococinesia.
El plan terapéutico ha de ser personalizado y adaptado a la fase evolutiva del paciente (según valoración y evolución del paciente) incluyendo:
     Reeducación y potenciación del control motor existente. Incluso, si se da el caso, se podría realizar potenciación muscular.
     Movilizaciones pasivas, activo-asistidas y activas, según el control motor presente.
     Estiramientos músculo tendinoso con el fin de mantener una correcta alineación articular, siempre considerando la presencia de alteraciones neuro ortopédicas estructuradas y/o presencia de fracturas.
     En las primeras etapas de la fase subaguda se tendría que iniciar la reeducación de la bipedestación pasiva en plan inclinado (o cama de bipedestación).
     Reeducación de la coordinación del movimiento y disociación de miembros superiores e inferiores.
     Reeducación del control de la cabeza.
     Control del equilibrio de tronco y adquisición de la sedestación.
     Control tronco libre. Reeducación progresiva de la bipedestación en estabilizador o standing.
     Reeducación de equilibrio bipodal (estático y dinámico).
     Reeducación de los miembros superiores afectados, si lo están, con métodos activos o terapia restrictiva de este miembro o con medios robóticos. Reeducación progresiva de la marcha con la ayuda de persona, ortesis o productos de apoyo.
Es importante el análisis continuo de la situación del paciente con el fin de indicar el tratamiento adecuado en cada momento

1.1 control motor
Aparte de las alteraciones neurológicas que surgen directamente del TCE, las personas que han estado inconscientes o inmóviles durante periodos significativos de tiempo pueden perder masa muscular y salud cardiovascular, hechos que hay que tratar de manera apropiada en términos de la capacidad física de la persona y el grado de control motor que presenta. Las intervenciones basadas en un entrenamiento específico pos-TCE se han evidenciado como elementos efectivos de tratamiento. Cuando el control motor y el estado cognitivo lo permitan, la fuerza muscular analítica o global se puede potenciar con actividades según la edad y la reeducación al esfuerzo (utilización de la bicicleta estática o la cinta de correr, carrera, salto, actividad acuática u otros deportes).

1.2 tono muscular: espasticidad
El trastorno del tono muscular en el TCE es fundamentalmente la espasticidad y puede presentarse según dos patrones: de decorticación o de descerebración, aunque a menudo se manifiesta de forma combinada de ambos patrones . El tratamiento de la espasticidad es multimodal y combina la utilización de fármacos antiespásticos vía sistémica o vía local, fisioterapia, terapia ocupacional y/o tratamiento quirúrgico. Los objetivos del tratamiento consisten en mejorar la funcionalidad y/o el dolor, facilitar la higiene y, en general, las AVD y, por lo tanto, mejorar la calidad de vida y el confort, así como prevenir o mejorar/corregir las deformidades secundarias al desequilibrio muscular.

Tratamiento farmacológico: Existe evidencia científica sobre que los fármacos antiespásticos pueden disminuir el excesivo tono muscular de forma significativa. Se tiene que valorar, sin embargo, en cada caso el balance de beneficios frente al riesgo de efectos adversos del tratamiento farmacológico sistémico, vía oral, ya que pueden potenciar la debilidad o el desequilibrio muscular e influir en el estado de vigilia.

La tizanidina ha demostrado su efectividad en la espasticidad tanto de las extremidades superiores como de las inferiores. El baclofeno oral también ha mostrado ser efectivo pero su utilidad se limita a las extremidades inferiores. El efecto secundario sobre las funciones cognitivas, especialmente somnolencia, limita su uso en pacientes con secuelas de un TCE. El tratamiento local con inyecciones intramusculares es el indicado en la espasticidad focal y en aspectos focales de la espasticidad generalizada. Tiene como objetivo la reducción localizada del tono de los grupos musculares inyectados.

La toxina botulínica tipo A ha mostrado ser efectiva en el tratamiento de la espasticidad de las extremidades superiores en personas que han sufrido un TCE. La eficacia de la acción de la toxina botulínica se potencia con la combinación de medidas de fisioterapia y terapia ocupacional así como del uso de férulas y/o ortesis con el fin de mantener el efecto conseguido. También hay que considerar la aplicación de la electroterapia post-infiltración, que potencia la acción de la toxina, aunque la evidencia de su eficacia es todavía limitada.

El baclofén intratecal es una alternativa que reduce los efectos secundarios derivados de su administración sistémica (vía oral) y ha resultado ser un tratamiento efectivo para la 43 disminución de la espasticidad en pacientes pos-TCE con espasticidad muy grave, tanto de las extremidades superiores como de las inferiores.

Tratamiento no farmacológico: La fisioterapia tiene un papel coadyuvante en el tratamiento de la espasticidad. En la fase aguda, la intervención se centra en las movilizaciones pasivas y una correcta alineación del paciente mientras permanezca la inmovilización en la cama. En una fase posterior, los estiramientos, las posturas inhibitorias y antiespásticas, la colocación de férulas o ortesis y la sedestación correcta y la bipedestación pueden contribuir a prevenir las complicaciones de la espasticidad. Se han descrito diferentes métodos de fisioterapia (incluida la hidroterapia) para el tratamiento de la espasticidad, pero hay pocos estudios que concluyan a su favor y la evidencia es insuficiente. También la electroterapia aplicada a los músculos agonistas y antagonistas puede favorecer la reeducación del control motor, pero no hay evidencia de que sea más eficaz que el tratamiento convencional. La inmovilización, tanto con férulas prefabricadas ajustables como con yesos seriados, ha mostrado ser efectiva en el control y prevención de las contracturas en flexión plantar de tobillo. Hay evidencia, aunque de baja calidad, sobre la mejora del balance articular pasivo con el uso de yesos seriados. Para la reducción del tono muscular su efecto es todavía más cuestionable puesto que, en algunos casos, puede incluso incrementar el espasmo.

2. Alteraciones sensoriales
La evaluación de las alteraciones sensoriales ha de ser realizada por los especialistas correspondientes con el objetivo de confirmar la deficiencia y orientar el posible tratamiento.
2.1 Visión
La alteración del sistema visual es frecuente tras el TCE. Sin embargo, los déficits visuales no siempre se evidencian y hay que poner especial interés en detectarlos, pues algunas alteraciones pueden pasar desapercibidas. Algunas técnicas de estimulación sensorial con espejos, linternas, objetos reflectantes, etc., aplicadas en el tratamiento de las alteraciones de la visión, se pueden utilizar para valorar la respuesta a la amenaza, el seguimiento visual de objetos y personas, la localización visual y la discriminación de objetos. Dado que la vía visual está altamente integrada en funciones complejas (por ejemplo, actúa como receptor sensitivo en los programas motores, cognitivos, comunicativos, etc.), su mejora conlleva una mejoría en el resto de funciones.
2.2 Audición
En la fase de despertar, algunas técnicas de estimulación sensorial (p. ej. sonidos de campanas, música, etc.) se pueden utilizar para valorar la capacidad del paciente para la 46 localización, el seguimiento, así como la respuesta a diferentes sonidos, como las voces familiares, los sonidos fuertes, etc.
2.3 Gusto
Formando parte de la estimulación multisensorial, en la fase de inicio de la toma de conciencia, al paciente se le pueden dar a probar pequeñas cantidades de alimentos de diferentes sabores para ver su respuesta (como sacar la lengua, salivación, etc.).
2.4 Olfato
Formando parte de la estimulación multisensorial, en la fase de inicio de la toma de conciencia, al paciente se le pueden dar a oler diferentes especias, alimentos, perfumes, etc. con el fin de observar su respuesta (aleteo nasal, expresiones faciales y movimientos de retirada o búsqueda ante olores agradables y desagradables, etc.).
2.5 Sensibilidad y dolor
En la exploración inicial, cuando el paciente llega a la unidad de rehabilitación, se tendrían que evaluar las sensibilidades, si su nivel de colaboración así lo permite. Puede realizarse una valoración de diferentes sensaciones a través de diversos materiales y texturas aplicados sobre zonas sensibles del cuerpo. Dada la dificultad de su exploración, el dolor está frecuentemente infradiagnosticado en personas con TCE. Por este motivo, pueden ser necesarias herramientas de evaluación especialmente adaptadas o la destreza de un terapeuta del habla y el lenguaje así como la familia y los cuidadores para conocer los síntomas de manera detallada .

El dolor puede agravarse con un tratamiento insuficiente, posicionamiento incorrecto y los efectos no controlados de la gravedad sobre las extremidades. El éxito en esta gestión depende de una evaluación y una intervención detallada, que tenga en cuenta los factores que contribuyen a ello, así como medidas preventivas de refuerzo de la extremidad afectada en todas las posiciones . Todas las complicaciones asociadas a esta afectación puede tener una alta relación con las manifestaciones de dolor.
2.6 Disfunción vestibular
No es infrecuente que exista una disfunción vestibular postraumática. Vértigo, problemas de equilibrio, problemas de visión y náuseas pueden estar relacionados con una alteración vestibular. El síntoma más frecuente es el vértigo posicional . Los ejercicios de rehabilitación vestibular mejoran el vértigo en estas fases.

3. Alteración en la deglución
El TCE es una causa de disfagia neurológica. Su incidencia está entre un 25-71% de los afectados por TCE ingresados en un servicio de medicina física y rehabilitación. Tiene un pronóstico generalmente favorable si se evalúa y se trata de forma adecuada. En la evaluación habrá que considerar síntomas cognitivos (memoria, atención, comprensión, capacidad de autocontrol, etc.) y también conductuales, que pueden interferir en el tratamiento. Las técnicas instrumentales para el diagnóstico recomendadas son la videofluoroscopia y la videoendoscopia de la deglución con sensibilidad y especificidad similares para demostrar aspiración. De las dos, la única que permite una evaluación directa de la fase faríngea es la videofluoroscopia, por lo que es considerada por algunos como el gold standard. La ventaja en el caso de la videoendoscopia de la deglución es que puede ser practicada a pacientes encamados. El tratamiento de la disfagia debe ser multidisciplinar porque mejora los resultados. Su diseño tiene que ser individual y con conocimiento de la fisiología y anatomía propias del paciente. Los pacientes con disfagia orofaríngea deben ser evaluados y tratados antes de que aparezcan las consecuencias secundarias a los trastornos de la deglución. El 51 programa de rehabilitación deglutoria ha de incluir praxias orofaríngeas, técnicas compensatorias (maniobras posturales, incremento sensorial, etc.) y modificación de la dieta (viscosidades, textura, consistencia y tamaño de bolo, entre otras). Además, se pueden incluir maniobras deglutorias si existe capacidad de aprendizaje.

4. Alteraciones neuropsicológicas y neuropsiquiátricas
Las personas que han sufrido trauma cráneo encefálico moderado o grave, pueden presentar déficits cognitivos en: la atención, el lenguaje (escrito y oral), la memoria-aprendizaje, el cálculo, la percepción, las praxias visoconstructivas, las funciones ejecutivas, la velocidad de procesamiento, la autoconciencia, al igual  alteraciones conductuales emocionales: apatía, falta de iniciativa, cambios de humor, agitación, impulsividad, agresividad, desinhibición, ansiedad, depresión. 
El objetivo de la rehabilitación es ayudar a mejorar los déficits cognitivos, emocionales, psicosociales y conductuales causados por el daño cerebral.

4.1. Alteraciones neuropsicológicas
 La rehabilitación cognitiva suele aplicar dos tipos de procedimientos: reentrenamiento del proceso cognitivo afectado y desarrollo de estrategias compensatorias. La persona que ha sufrido un TCE ha de ser evaluada por un neuropsicólogo que diseñe la intervención terapéutica. La evaluación neuropsicológica permite identificar, describir y cuantificar tanto los déficits cognitivos como las funciones preservadas, además pueden ser un indicador en el proceso de rehabilitación.
 Para realizar la intervención se debe tener en cuenta los siguientes principios:
-       Organizar un entorno terapéutico que dé el máximo apoyo al proceso de ajuste y que incremente la participación social-alianza de trabajo entre terapeutas y paciente.
-       Establecer objetivos funcionales que sean relevantes para el paciente. Compaginar teoría y práctica. Partir de una base teórica pero compartir la experiencia del paciente, de otros profesionales y familiares.
-       Aplicar intervenciones psicológicas en función de las necesidades del paciente.
-       Utilizar estrategias compensatorias y entrenamiento de habilidades específicas.
-       Trabajar con las familias, cuidadores y entorno escolar (información, formación y apoyo).

4.1.1. Atención:
Es una función compleja en la cual se pueden diferenciar diferentes subcomponentes específicos: alerta, atención sostenida, focalizada, selectiva, alternante y dividida. También hay que considerar la posible afectación en la velocidad de procesamiento de la información.
Hay dos aproximaciones generales a la rehabilitación de la atención: la restauración (tratamiento del déficit mediante la repetición o práctica masiva), está dirigido a los diferentes componentes de la atención, organizando el material de forma jerárquica con ejercicios informatizados; y la compensación (uso de ayudas externas e internas, aprendizaje sin error y modificación del entorno) siendo más efectivas que las restauradoras.
Como opción terapéutica complementaria, los fármacos del grupo de los psicoestimulantes, y concretamente el metilfenidato, pueden tener efectos beneficiosos en pacientes de cualquier edad, el inhibidor de la colinesterasa donepezilo puede mejorar la atención y la memoria a corto plazo en pacientes con trauma craneoencefálico.
4.1.2. Memoria
Junto con la atención, la memoria es la función que más queda afectada después del TCE.
En el TCE moderado y grave, en la salida del coma, se da una fase llamada de APT que se caracteriza por confusión, desorientación, dificultades de atención, alteración conductual y especialmente por la afectación de la memoria. Pasada esta etapa el paciente puede continuar presentando alteraciones en esta función.

Se utilizan las siguientes técnicas: restauración/reentrenamiento y compensación.
Pueden ser útiles sólo en casos de afectación leve. Dentro de esta modalidad de intervención, las ayudas externas son efectivas para los problemas de memoria del día a día y para los pacientes con afectación grave, mientras que las ayudas internas son más útiles en los casos moderados y leves. En los jóvenes pueden ser efectivas las estrategias de repetición, agrupamiento o el procesamiento semántico pero conjuntamente con otras técnicas de vigilancia, atención/concentración, percepción, memoria y solución de problemas.

4.1.3. Funciones visoespaciales y práxicas
La mayor parte de la rehabilitación en esta función va dirigida a la negligencia unilateral. Aun teniendo en cuenta que esta dificultad es un problema atencional, su manifestación principal se da en tareas de tipo visoespacial. Para la rehabilitación de la heminegligencia se han empleado diferentes estrategias de intervención entre las que destaca el entrenamiento en rastreo visual, el uso de claves espaciales y viso motoras, el movimiento de los miembros superiores en el hemicampo inatento, las guías/claves visuales junto a estímulos móviles, el uso de video-feedback, feedback visuomotor, el entrenamiento en componentes atencionales específicos, la estimulación multisensorial, entre otras.

4.1.4. Funciones ejecutivas
Las funciones ejecutivas incluyen diferentes procesos cognitivos necesarios para el inicio, planificación y regulación de la conducta. Para la intervención sobre las funciones ejecutivas se proponen cuatro modalidades:
a) Modificación ambiental
b) Entrenamiento en solución de problemas
c) Selección y ejecución de planes
d) Entrenamiento en autoinstrucciones
Como tratamiento complementario, la amantadina,  y la bromocriptina siendo útiles para mejorar las funciones ejecutivas.

4.1.5. Conciencia del propio déficit
La falta de autoconciencia afecta de manera muy notable al programa de rehabilitación global ya que no verá su necesidad y, por lo tanto, limitará su colaboración.
Ponsford y cols. (1995), plantean un programa que tiene por objetivo enfrentar a la persona con sus problemas cognitivos, trabajar sobre aquellas alteraciones que el paciente ha reconocido, informar al paciente y la familia, dar feedback inmediato y la autoevaluación por parte del paciente. Prigatano, ha  señalado la complejidad del problema de la autoconciencia y la necesidad de incorporar en el proceso 59 de rehabilitación un abordaje más amplio que no sólo incluya la exposición del paciente a las dificultades sino que también incorpore aspectos psicoterapéuticos.

4.1.6. Papel de las nuevas tecnologías
Se puede aplicar para diversas funciones como: coordinación visomotora, atención, procesamiento visual, lenguaje y tiempo de reacción. Es muy útil ya que se pueden programar los ejercicios en función de las necesidades de cada paciente, llevando a cabo el plan terapéutico e interprete los resultados.
Las más utilizadas son:
La realidad virtual permite crear entornos virtuales con una gran validez ecológica ya que genera situaciones parecidas a las de la vida real y los efectos se reflejan en la vida diaria del paciente. El paciente puede realizar una serie de tareas que después podrá generalizar en su propio entorno
La telerrehabilitación, o servicios de rehabilitación mediante información electrónica y tecnologías de la información, permite realizar intervenciones terapéuticas a distancia para evitar el desplazamiento del paciente.

5. Alteraciones del sueño y fatiga
Las alteraciones del sueño y la fatiga son dos problemas frecuentes después de un TCE. No necesariamente se presentan juntos, aunque las alteraciones del sueño ciertamente contribuyen a la fatiga . La fatiga aparece en el 29-47% de los pacientes en el primer mes después del TCE, en el 22-37% en el tercer mes y en el 20% al año. En el TCE se pueden diferenciar dos “tipos” de fatiga:
     Fatiga cognitiva, en la que el esfuerzo mental sin actividad física da un cansancio grave con la incapacidad para continuar una actividad.
     Fatiga física, en la que una actividad física inferior a la esperada comporta un cansancio grave con incapacidad para continuar.
La fatiga puede suponer una barrera para el retorno al trabajo o a otras actividades diarias. Además, la fatiga puede tener un impacto negativo sobre otros síntomas que tenga el paciente (p. ej. cefalea o síntomas cognitivos y/o conductuales) que habitualmente empeoran cuando la persona está cansada .

El manejo de la fatiga a veces está dificultado por la falta de “autoconciencia” y, ya que puede no ser reconocida por la persona con TCE, es necesario que los cuidadores puedan reconocerla y manejarla adecuadamente. No existe suficiente evidencia de buena calidad sobre su extensión, impacto y tratamiento.

La fatiga mental del paciente, habitualmente relacionada con dificultades atencionales, disminuye a medida que mejora la capacidad de atención/concentración, atención dividida, etc. Las medicaciones utilizadas para mejorar la fatiga pos-TCE no han sido suficientemente investigadas en esta población y deben de utilizarse con cautela. En cualquier caso, en el tratamiento de la fatiga se puede considerar una combinación de medidas no farmacológicas (hábitos de vida, control del sueño y dieta) y farmacológicas (p. ej. modafinilo).

Un factor que contribuye a la fatiga son las alteraciones del sueño, incluyendo tanto las alteraciones para iniciarlo como para mantenerlo, así como los cambios en el ciclo sueño/vigilia. Si estas dificultades persisten, pueden conducir a los síntomas típicos de deprivación crónica del sueño. Las alteraciones del sueño son frecuentes en el TCE, incluso un 50% de los pacientes las padecen, y parece que más en el TCE leve que en el grave.

No existe medicación específica para el tratamiento de las alteraciones del sueño ni la fatiga en los pacientes con TCE. Cualquier medicación se debe iniciar a dosis bajas, revisar su efectividad en 2-3 semanas y ajustar la dosis si hace falta; volver a valorarla a las 6-8 semanas, y si no es efectiva, retirarla; y, después de un periodo de lavado razonable, considerar iniciar la administración de otro fármaco.

6. Manejo de las complicaciones interferentes al tratamiento rehabilitador
El manejo rehabilitador del paciente con secuelas de un TCE moderado o grave comporta la necesidad de un minucioso abordaje de las complicaciones en los diferentes aparatos y sistemas del organismo, así como la prevención de otras complicaciones relacionadas con la inmovilidad.

6.1 Complicaciones neuro-ortopédicas
Las principales complicaciones neuro-ortopédicas en un paciente que ha sufrido TCE son las fracturas, las OH y las contracturas.

6.1.1 Fracturas
El tratamiento óptimo de las fracturas es esencial en los pacientes con TCE. El dolor persistente, la inmovilización prolongada y la deformidad secundaria son mal tolerados por el paciente y actúan como una espina irritativa produciendo aumento de la espasticidad y, consecuentemente, aumento de la deformidad y las contracturas en flexión. Por lo tanto, siempre que la situación clínica y neurológica lo permita, es importante la reducción y fijación precoz de las fracturas mediante fijadores externos o internos.

El edema cerebral y la hipertensión endocraneal son, generalmente, máximos en torno al tercer y quinto día y decrecen entre el séptimo y décimo día. El riesgo de cirugía es inferior después de este periodo. Por otra parte, la fijación quirúrgica de las fracturas de las extremidades superiores o inferiores dentro de las primeras 24 horas se ha asociado a una reducción del riesgo del síndrome del distrés respiratorio del adulto. Las fracturas de pelvis merecen especial atención por su gravedad y riesgo vital ya que comportan importantes hemorragias con riesgo de choque.

6.1.2 Osificaciones heterópaticas
Las OH se localizan habitualmente en grandes articulaciones y por este orden (cadera, hombro, codo y rodilla)165 y provocan limitaciones articulares que pueden interferir en la funcionalidad al alta después de un TCE. Se presentan con más frecuencia en pacientes jóvenes con TCE grave con coma prolongado y trastornos importantes del tono muscular.
Uno de los primeros signos de OH es la limitación del balance articular asociado a la aparición de otras alteraciones como calor, eritema, edema y dolor a la movilización pasiva. Se ha descrito una asociación entre la gravedad de la lesión y las secuelas neurológicas secundarias y las OH, que provocan una limitación física que disminuye la capacidad de deambulación. Por otra parte, el inicio precoz de las movilizaciones pasivas se ha relacionado con una reducción de la incidencia de OH.

No existe un tratamiento establecido de las OH, pero diferentes autores proponen administrar etidronato o antiinflamatorios no esteroideos tanto como profilaxis, como medida terapéutica para la OH constatada. La dosis de etidronato recomendada es de 20 mg/Kg/día durante tres meses y 10 mg/Kg/día del cuarto al sexto mes.

6.1.3 Contracturas
Las contracturas son las complicaciones musculoesqueléticas más frecuentes después de un TCE grave, con una incidencia de hasta un 84%. Hay múltiples causas para la formación de contracturas: en primer lugar, el desequilibrio muscular con paresia de los antagonistas y la espasticidad, pero también el incorrecto posicionamiento cuando hay una parálisis muscular, las inmovilizaciones ortopédicas prolongadas en acortamiento, la formación de una OH, etc. Una de las principales causas de las contracturas es la espasticidad de manera que un correcto manejo de esta manifestación clínica contribuirá a la prevención de dicha complicación.

6.2 Epilepsia postraumática
Los pacientes que han sufrido un TCE grave tienen un riesgo entre 17 y 29 veces mayor que la población general de sufrir una crisis epiléptica, lo que supone que alrededor de un 15% de los pacientes que han sufrido un TCE grave desarrollarán una epilepsia. Un tercio de los pacientes con epilepsia postraumática desarrollarán la primera crisis en los 3-4 primeros meses después del TCE y el resto antes de los 24 meses.

La epilepsia postraumática puede ser precoz (durante la primera semana después del TCE) o tardía (más allá de la primera semana después de la instauración de la lesión). El principal factor determinante del riesgo de sufrir una epilepsia postraumática es la gravedad del TCE. En concreto, se han demostrado como factores de riesgo para sufrir epilepsia postraumática: la pérdida de conciencia de más de un día de duración, la edad mayor de 65 años, las penetraciones de la duramadre, las fracturas craneales, las contusiones cerebrales con hematoma subdural, las contusiones parietales bilaterales, las lesiones focales temporales o frontales en la tomografía computarizada, la esclerosis temporal o frontal en la resonancia magnética, la múltiple cirugía cerebral, la puntuación de la GCS menor de 10 y haber sufrido una crisis en la primera semana.

6.3 Hidrocefalia
La incidencia de hidrocefalia postraumática sintomática se sitúa entre el 0,7-29%. Es importante hacer la diferenciación entre hidrocefalia postraumática sintomática y ventriculomegalia secundaria a atrofia cerebral. En el primer caso, la colocación de una derivación ventriculoperitoneal puede comportar una mejora neurológica, lo que no sucede en el caso de la ventriculomegalia. El deterioro cognitivo y/o conductual o sus fluctuaciones pueden ser la única manifestación de una hidrocefalia o un fracaso de la derivación ventrículo-peritoneal.

6.4 Alteraciones endocrinas
La complicación endocrina más frecuente después de un TCE (incidencia 33%) es el síndrome de secreción inadecuada de hormona antidiurética. Este síndrome es la causa más frecuente de hiponatremia en el TCE y sus criterios diagnósticos son: osmolaridad plasmática baja, hiponatremia (sodio plasma <135 mmol/l), orina con una dilución inferior a la máxima cuando se compara con la osmolaridad plasmática y concentración elevada de sodio en orina (>30 mmol/l). La hipoosmolaridad y la hiponatremia pueden originar grave edema cerebral y causar más daño que el propio traumatismo. Esta complicación precisa de un tratamiento urgente, por el intensivista y/o el endocrinólogo, e incluye restricción del agua administrada por las diferentes vías (<800 ml/día, según edad y peso). En cambio, el síndrome de pérdida de sal cerebral” (Cerebral Salt Wasting) (pérdida de sodio y de agua debido a disfunción cerebral, con resultado de deshidratación hiponatrémica) necesita un aporte de agua y de sodio suplementarios mientras se corrige.

Limitación de actividad:
Las limitaciones de actividad relacionadas con la movilidad y la autonomía personal a menudo están presentes en las personas con TCE moderado o grave, sea por los déficits motores o por la falta de capacidad cognitiva para programar las tareas.

1.    Movilidad: sedestación, bipedestación y marcha
La sedestación, la bipedestación y la marcha son actividades que pueden resultar afectadas por el conjunto de déficits y alteraciones de estructura o función corporal, establecidos como resultado de un TCE. Por su importancia e impacto, el objetivo de la rehabilitación en este nivel es su máxima restauración o compensación. La sedestación y la bipedestación asistidas promueven el tono postural normal, la información propioceptiva y la conservación de los arcos y alineaciones articulares.

Asimismo, la bipedestación contribuye a prevenir la osteopenia y la pérdida de masa muscular, a favorecer la excursión respiratoria y a normalizar las respuestas cardiovasculares y autónomas. Por ello es fundamental iniciar la reeducación postural, sedestación y bipedestación lo antes posible, sea de forma asistida o activa. En las primeras etapas, la sedestación puede requerir una silla adaptada al paciente con apoyo de cabeza, control de tronco, asiento basculante y reposapiés graduable y con sujeción. Se podrá cambiar a sistemas más convencionales a medida que mejore el control de la cabeza y del tronco. El inicio de la bipedestación en los casos de TCE grave tendrá que realizarse de forma progresiva en plano inclinado y, según mejore el control postural, en estabilizador y bipedestación con ayuda.

2. Actividades de la vida diaria
La presencia de alteraciones motoras, sensoriales y cognitivas en las personas con TCE suponen una repercusión negativa en la autonomía personal. El control del movimiento, giros, equilibrio del tronco sentado y paso a bipedestación son significativos sobre la recuperación funcional; pero no sólo los déficits motores sino también los trastornos de memoria de fijación, de atención, apraxias y déficits sensoriales pueden influir en esta autonomía.

La mayoría de las intervenciones terapéuticas del equipo rehabilitador van dirigidas a minimizar los déficits, potenciar las capacidades preservadas y automatizar estrategias compensadoras para conseguir la máxima autonomía en las AVD o disminuir la necesidad de ayuda.

Las AVD incluyen:
     AVD básicas de autocuidado (higiene, alimentación, vestido), cuidado de esfínteres, movilidad funcional, comunicación y capacidad de interrelación.
     AVD instrumentales, como movilidad en la comunidad, compra, hogar, cuidado de los otros, teléfono y sistemas de comunicación, procedimientos de seguridad, lectura y otras actividades de ocio.
     Por último, AVD avanzadas tanto de reintegración en diferentes niveles (familiar, social, escolar, laboral) como propias de la edad de la persona. 79 La independencia se alcanza mediante la práctica, el aprendizaje de técnicas adaptadas y la provisión de productos de apoyo o de adaptaciones del entorno.

En la selección de las actividades hay que considerar que los trastornos neurocognitivos pueden influir en la realización de las AVD y dificultar la consecución de la autonomía personal. Se tienen que considerar no sólo las características de la persona, sino también su estilo de vida previo al TCE y su entorno, tanto físico como social.

El entrenamiento de las habilidades de las extremidades superiores para personas que han sufrido un TCE puede mejorar la función relativa a las AVD, pero no se ha probado que tenga una mayor eficacia en comparación con otras intervenciones. Por otra parte, se ha hallado que con los ejercicios de destreza funcional aumenta la coordinación motora fina.

En niños y jóvenes el plan de tratamiento rehabilitador tiene que ser reevaluado constantemente para adaptarlo a la etapa de maduración y crecimiento y a las AVD adecuadas a la edad del paciente.

3. Ortesis y productos de apoyo
Las ortesis y los productos de apoyo (antiguamente llamadas ayudas técnicas) se destinarán a suplir, corregir y reeducar una función que en la actualidad no es posible. Su provisión posibilita a la persona un mejor manejo del entorno que contribuye a su autonomía y, en caso de dependencia, facilita el manejo a los cuidadores. La selección de cualquiera de estos dispositivos ha de ser personalizada de acuerdo con las características de cada usuario y de su entorno. Se tiene que entrenar a la persona y/o cuidadores en su uso con el fin de garantizar la seguridad y la efectividad.

3.1 Ortesis
Las ortesis, como las de tobillo-pie o las férulas de mano, pueden ayudar a mantener la posición y la estabilidad de una (o más) articulación con el fin de inmovilizar o, si hay control motor, de facilitar la función. En algunas ocasiones, las antiguas ortesis pueden sustituirse por estimuladores, como es el caso de los estimuladores del ciático poplíteo externo para favorecer la flexión dorsal del pie.

En niños y jóvenes, antes de indicar una ortesis de marcha, hay que esperar la evolución de la fase aguda, porque el déficit motor puede mejorar muy rápidamente.

3.2 Productos de apoyo
La provisión de productos de apoyo (dispositivos, equipamientos, instrumentos, tecnologías o software) proporciona una solución a las necesidades únicas de la persona dentro de su entorno . Hay una evidencia sólida del beneficio general y del coste-beneficio de la provisión de productos de apoyo para personas que los necesitan, aunque dicha evidencia no es específica para personas con TCE.

Estas adaptaciones pueden asistir a la persona en la comunicación, sedestación, deambulación y en la ejecución de sus actividades, tanto las básicas como las de ocio o las productivas. La valoración tiene que ser continuada con el fin de ir adaptando los productos de apoyo a la evolución de la persona. En este ámbito también hay que considerar el uso de ordenadores y tecnología ya que facilitan la comunicación, la interacción social, la escritura y el control del entorno, y ofrecen la oportunidad de llevar a cabo actividades de entretenimiento o productivas.


Pero hay que tener en cuenta que las personas con síntomas de desinhibición o alteraciones en el juicio pueden ser particularmente vulnerables a los riesgos de la tecnología informática, como los fraudes en Internet o suplantación de personalidad de otros usuarios. Puede ser necesaria, en algunos casos, precaución y vigilancia en la utilización de la tecnología. En los niños y los jóvenes, también se ha de valorar la aplicación de productos de apoyo, dado que pueden ayudar en el manejo de la actividad escolar, el juego, la reeducación de actividades instrumentales y en las actividades del entorno. Estos productos de apoyo deben ser aceptados por el niño o el joven y la familia, y adaptados a los diferentes contextos sociales.

No hay comentarios:

Publicar un comentario